La verdad de la verdad

Hoy 13 de marzo de 2021, los que seguimos vivos, hayamos o no perdido a algún familiar o conocido cercano y esperamos la ansiada vacuna que, supuestamente, nos inmunice de un virus que llegó para quedarse, debemos hacer un minuto de reflexión. 

Hoy hace un año que empezó una pesadilla inimaginable y superó cualquier película antes vista. 

El día 25 de enero de ese fatídico año pasado fue la primera vez que cogía la baja, después de muchos años en la empresa en la que trabajo. Acudí al centro sanitario porque llevaba dos días con fiebre, tos, dolor de garganta y un dolor en el pecho mosqueante. Durante mis delirios de fiebre, en la cama, escuchaba las noticias, que llegaban difusas de la otra parte del mundo, donde morían cientos de ciudadanos chinos y que un virus no definido estaba expandiéndose a un ritmo incontrolable. Creíamos que aquí no llegaría y yo no paraba de repetirme que sentía que los síntomas que tenía eran muy similares a los que describían constantemente. En el ambulatorio me diagnosticaron virus inespecífico, y paracetamol cada ocho horas fue la receta. Jamás sabré si tuve una simple gripe o Covid19.

Nadie sabía la que se nos avecinaba. Volví al trabajo a los dos días, ya más recuperada y sin fiebre y entramos en febrero, donde empezaban a llegar noticias de casos en países más cercanos. Y también llegó la noticia de nuestro primer caso en España y el segundo y el confinamiento del hotel en las Canarias, etc.

Tal vez nunca sepamos la verdad de la verdad de muchas cosas o de simplemente de dónde y cómo salió este virus.

No voy a entrar en lo que se hizo bien y en lo que se hizo mal. No seré yo la que corrija a nadie. Cada cual tenemos nuestros pensamientos. Pero realmente, hoy, a un año de todo lo que hemos vivido, de todos los que hemos perdido, de todo lo que hemos llorado, sentido, temido, pienso en si las conciencias cada noche, cuando se acuestan, estarán tranquilas. Porque la mía no lo estaría.

Hoy, un año después, que tememos contagiarnos porque, aunque nos ha costado, empezamos a comprender de qué va esto, nos protegemos y nos cuidamos, todos vamos con mascarilla y nuestro gel en el bolsillo y esperamos nuestro turno de vacuna, conocemos la actuación del ser humano. Y me llevo las manos a la cabeza, sí, porque seguimos siendo egoístas, porque es la ley del más rápido, porque si puedo ponerme la vacuna antes que otros, por este o aquel motivo que me da la opción a hacerlo, me salto la cola y me la pongo. Pienso que así seguiremos siempre, durmiendo tranquilos, porque no hay conciencia que valga en este mundo que vivimos. Pero sigo pensando, que no soy más ni menos que nadie, pero que la mía, mi conciencia no dormiría tranquila si yo aprovechara para vacunarme porque me ofrecen hacerlo y mis familiares de avanzada edad que la necesitan más que yo, siguen esperando su turno.

Un año después, cuando me preguntan qué tal estoy, siempre respondo: feliz de seguir respirando. Porque no se me olvida todos los que se han ido, ni los que siguen luchando.

Ojalá mi escrito del 13 de marzo de 2022 sea con el pensamiento de que el ser humano se ha humanizado.

Vamos a seguir protegiendo y protegiéndonos. Vamos a seguir respirando. Por favor.

Miriam Giménez Porcel.


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