Un nuevo amanecer

Tenemos cada mañana una oportunidad para empezar de nuevo. Suena muy tópico, lo sé. Pero es que es así.

Cuando despierto, acto seguido, abrazo a mi hija, la acompaño en su rato de desayuno, tiene trece años, ya es bastante independiente, hablamos de lo que le depara ese día, miramos por la ventana y observamos el color que va adquiriendo el cielo, con un nuevo amanecer, el que toca a esa hora y me encanta, en ocasiones lo fotografiamos, pero nunca queda igual que a la retina de los ojos.

No hay un amanecer igual, todos son distintos, aunque hay quien me dirá que no es así, que cada mañana ve lo mismo. Los tonos, las formas de las nubes, la entrada de la luz, dependiendo de lo despejado o no que esté el cielo. Y yo me paso un rato así, como embobada mirando esa inmensidad, comprobando como va abriendo el día y me va sonriendo. Así lo veo. Lástima el día que está tan nublado, que los rayos no traspasan, pero hasta ese amanecer tiene su propio encanto. La fuerza del cielo por querer clarear, por gritar estoy aquí, por hacerse notar.

Me gusta esa frase de canción que dice: el día es presumido.

Tal cual nos debemos sentir todos. Con esa fuerza de un amanecer y con la paz del atardecer. Cada momento del día tiene su estado de ánimo, creado para nosotros. Lo inteligente es saber aprovecharlo o mimetizarse con ello.

Soy de la opinión que el día a día te envía una invitación a vivir. Creo que, durante la infancia y adolescencia viví tantos momentos de oscuridad, que aprendí a sacar la cabeza, mirar el cielo, disfrutar de los tonos y sonreír. Por la noche, miraba las estrellas. Siempre pedía deseos. Finalmente se cumplieron. Ahora en mi madurez, las sigo mirando y dando las gracias. Pero me ha costado muchísimo tiempo comprenderlo, que hay que mirar al cielo a todas horas. De hecho, ojalá hubiera empezado a disfrutar de las tonalidades del amanecer muchísimo antes.

Es una conversación extraña esta, lo sé, pero por qué no compartirla. Sí es así. Si hace muchos años que me llena un amanecer, busco el atardecer, los días de lluvia los inspiro para alojar ese instante en el hipotálamo (esa pequeña área del cerebro que he oído por ahí que retiene, controla, regula hormonas y temperatura)

Vosotros, ¿Observáis los tonos que la vida os va ofreciendo?

¿De dónde obtiene el cerebro la motivación y las ganas de vivir?

 

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