El escritor hoy

En el día de ayer leía a una compañera de letras en redes sociales, que lanzaba la pregunta de si un escritor se ve perjudicado si en algún momento dado deja entrever sus ideas políticas.

Evidentemente, creo que sí es así, perjudica y no lo digo porque yo me haya visto perjudicada en algún momento, que puede ser el caso, pero no me ha afectado.
También es cierto que, cada vez, que un escritor se expone con algún alegato, a tal o cual mandato, o tal o cual acto, sabe, perfectamente, que se puede estar perjudicando o bien beneficiando, pero en todo caso posicionando.
Todos somos un personaje público, en el momento que exponemos en Twitter, Instagram o cualquier red social nuestra vida personal, ideas o movimientos. Somos libres de ser libres de mente y cuerpo. Nadie tiene derecho a juzgar a nadie, por sus ideas políticas, aun así, no nos vamos a engañar a nosotros mismos con estas banalidades, cuando sabemos que sí que va a ser así, te van a juzgar y te van a encasillar hacía un lado u otro.
Por lo tanto, creo que ante todo somos personas. Que necesitamos expresarnos y también, por qué no, rebatir y exponer nuestras ideas. Porque las redes sociales son eso, una exposición continua de tu persona y pensamiento. Sólo de uno mismo depende cuánto le afecta esta exposición o crítica que te puede llegar de cualquier punto. Y cuánto de grande debe ser esa exposición.
Los escritores vivimos en el mundo que rodea todo lo relacionado con la cultura. Nos apasiona todo tipo de arte y nos sensibilizamos y empatizamos en todos  estos ámbitos.
Dicho lo cual, creo que sí deberíamos mantenernos al margen de tanto politiqueo, aunque no podamos, aunque a veces los dedos se nos vayan y opinemos, pero todo lo que queramos exponernos personalmente hablando, será todo lo que nos perjudique emocionalmente pensando.
Debemos compartir nuestro arte, nuestras letras, nuestros descubrimientos, nuestras miserias también como escritores, por qué no, que también las tenemos y muchas. Debemos exponer nuestro alma con letras y sentimientos que tenemos, constantemente, bullendo y ese miedo atroz al fracaso, que no nos lo quitamos ni con agua hirviendo, a ese texto escrito y reescrito y borrado y vuelto a escribir casi peor que el anterior y ese terror a compartirlo y que ni Dios te lea y al final todos queremos ser leídos y a veces es malo ese escrito, muy malo y tú solo lo lanzas al mundo y tal vez un poco te apasionó y lo compartes y cuando tiempo después lo relees, vuelves a cerciorarte de lo malo que era. Pues así es nuestro mundo, un constante ruido en la cabeza de lo mal que escribimos. Una ametralladora en el alma haciendo polvo tu personalidad, porque crees que no estás diciendo nada, ni diciendo nada y siempre, en algún punto de ese texto hay algo, que alguien lee y le llega y te quiere y se mimetiza contigo y dice: esto es lo que yo siento, o esto me ha recordado a tal encuentro, tal conversación o tal beso.
Ese es nuestro trabajo, seguir escribiendo, porque a ese alguien que le llegue y nos encuentre entre tanto escrito en el universo paralelo de las redes sociales nos diga, gracias porque has escrito justo lo que siento. O no te diga nada, tal vez, qué más da, aquí estamos de paso todos y tenemos nuestra misión, si algunos te leen y no te dicen nada, no es motivo para parar. Continuar escribiendo para ese alguien que no se expresa también es bonito y necesario. Tu alma escribe porque lo necesita, esa persona te lee porque le apetece. Así es la vida un vaivén.

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