Miradas de cuatro patas

Todos deberíamos tener un día, una tarde, un rato para nosotros mismos, para esa soledad tan necesaria y ansiada que pocos valoramos, hasta que un día la practicamos y nos damos cuenta.

Estar hablando con amigos, riendo con tus hijos, dialogando con tu pareja, etc… es muy enriquecedor, por supuesto. Pero encontrar un rato para ti, es imprescindible.

Todos los miércoles procuro cumplir con «mi rato». Me aíslo del mundo. No quiero escuchar a nadie, ver a nadie, atender a nadie, ni hablar a nadie. Cuando acaba ese rato vuelvo a conectar con el mundo y estoy para todos, pero mientras dura, no permito que se extralimite ese espacio, ni a mi misma me lo permito.

Ha costado, lo admito. Porque en ocasiones volvía al mundanal ruido, escuchaba algo y salía al espacio exterior, a participar del diálogo y exponer mi opinión o, simplemente, quedaba con los oídos fuera de mi espacio, pero mi persona dentro. Lo que viene siendo no estar cumpliendo mi propia norma.

No querer saber nada de nadie suena egoísta. Tampoco quiero que nadie sepa de mi, entonces supongo que mitigo un poco eso de que suene egoísta, no lo sé. Pero, creedme, una vez que lo has practicado durante varias semanas seguidas, hasta lo necesitas.

A lo que iba, todos los miércoles tengo, guardo, exijo ese rato para mi. Y hoy estaba deseando que llegara.

Después de tanto tiempo sin pasar por aquí, llevaba toda la semana planeando este encuentro conmigo, la pantalla y vosotros.

¿Qué ha vuelto a suceder para esta lejanía con mi blog?

Pues que he tenido que volver a reencontrar mis ganas, mi ilusión, mis fuerzas para volver a ser yo. Como ya he dicho en alguna ocasión, trabajo en el sector sanitario, pero no soy sanitaria. Lo cual no significa que me empape a diario de las estadísticas, algo aproximadas, de cómo va el tema pandémico. Este tema mermó mi salud mental el año pasado y dejé de escribir. Lo intentaba. Reconozco que no estoy al 100%, pero podría afirmar que sí al 90%, lo cual ya me emociona, ilusiona y hace que tenga ganas de coger las riendas de mi teclado. Con esto no quiero dar pena, ni nada por el estilo, porque si tan mal estaba podría haberme conectado y escribir cada día un poquito, como estoy haciendo ahora mismo, y en cambio no podía. Estaba totalmente bloqueada. Jamás había creído a nadie cuando mencionaba eso del bloqueo del escritor. ¡Ingenua de mi! No seas tan lista de creer saberlo todo. Caí de lleno en dicho bloqueo y era rarísimo. Sabía que deseaba escribir por encima de todo, pero no me ponía a ello. Me puse en diversas ocasiones y perdía el hilo de cuanto había escrito. Releía al día siguiente y perdía el hilo de lo que releía. En definitiva que estaba aturdida con mi falta de concentración y acabé perdiendo las ganas de encender el ordenador. Tenia pensamientos muy negativos, constantemente. Me sentía triste y desmotivada, continuamente.

Mi segunda novela, que finalicé en enero de 2020 y la envié al corrector, para que la tuviera lista para Sant Jordi de ese mismo año, tuvo que quedar parada en el tiempo, por lo que todos sabemos. El año 2020 ha sido «¿el año perdido?», o llamémosle el año que se detuvo la vida, para algunos literalmente, para otros de manera momentánea.

No ha sido hasta este 2021 que hemos ido despegando, recuperando, animando e ilusionando a los días, para empezar a creernos que podemos y tenemos derecho a volver a vivir y, con precauciones, volver a sentir lo que sentíamos en un concierto, en una discoteca, en una presentación de un libro, en muchos encuentros que nos fueron prohibidos.

De ahí la ilusión de desempolvar esta novela, de donde quedó guardada en el armario y presentarla. De ahí la emoción de volver a preparar ese encuentro, como fue el del 2018, con mis lectores y mostrar el trabajo que significó escribir María de los Dolores. Una novela dura y narrada sin pelos en la lengua.

Estamos ya en ello. Pronto espero poder dar fechas. De momento solo tengo carátula y estamos escogiendo texto de los lomos y sinopsis, para poder lanzarla de nuevo al espacio lector, como le llamo yo. Al mundo exterior y que sea devorada por cuántos quieran leerla.

Y sí, he vuelto a escribir, a recuperar la tercera novela, que probablemente haya que volver a reescribir esas 50 páginas que ya llevaba escritas, pero me apetece tanto, que sé que eso forma parte del proceso e ilusiona.

Ahora, que acaba mi rato de los miércoles, es cuando me doy cuenta que no estaba sola y que a cada lado de mis brazos, mientras escribo, tengo a dos peludos, de cuatro patas que, con su mirada me llenan el alma y no han hecho nada de ruido y sí mucha compañía de la que me apetecía.

Bendita familia la que cada uno escoja para vivir su vida.

¿Cómo y cuándo son tus ratos sólo para ti?

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