Astrazeneca

Reconozco que me ha costado meses aprender a pronunciarla y para escribirla he preferido cerciorarme buscándola antes y asegurarme.

Está dando que hablar, desde luego. El año pasado la palabra estrella, indiscutible fue covid. Este año seguramente seguirá en cabeza esa, pero también la palabra virus, vacuna, y sus diferentes variantes. Pero sin duda, la británica será la inolvidable.

Poder vacunarse es un privilegio. Esperar a la ansiada llamada del CAP, para comunicarte que es tu turno, debe ser un motivo de alegría. La cuestión es cuando oyes tanto hablar de los efectos secundarios, secuelas, de la posibilidad de trombos, de que hay un caso entre 100.000 pacientes y tu piensas que justo te va a tocar a ti, que se crea ese miedo y escepticismo en el cuerpo que ya se creó hace unos meses, cuando supimos que las vacunas estarían listas tan rápido. ¿Eres de los que tienes pánico a vacunarte o de los que lo estás deseando?

El caso es que esta mañana, mi mami, la mujer que me crió, a la que yo llamo la mami, le ha llegado la noticia de que a dos de sus amigas ya las han llamado, porque «les toca». Claro, ella empieza a temblar porque no sabe qué hacer, porque y si a ella le pasa algo cuando le pongan la dosis, porque si han llamado a las otras es porque a ella no tardarán mucho en llamarla. No soy médico, le he dicho. Yo me la pondría, pero he de admitir que también me da respeto y mucho. Debemos confiar, está claro que las dosis suministradas están beneficiando y mucho. La incidencia de contagios, los fallecidos, en residencias han descendido a un nivel que ilumina el alma y sientes que se empieza a ver la luz. No debemos confiarnos y hay que seguir tomando precauciones, distancia de seguridad, etc, para todos y para nuestros mayores, es primordial, pero las vacunas están siendo el antídoto a tanto horror.

Dicho esto, he intentado animarla como he sabido y comprendiendo su temor, porque tengo exactamente el mismo, le he dicho que no se preocupe. Que aún no la han llamado. Ya nos preocuparemos cuando la llamen. Cuando la citen y cuando la vacunen. Rezaremos para que no tenga efectos secundarios y todo este miedo se quede en nada.

Porque así estamos todos, deseando vacunarnos y a la vez deseando que acabe la pesadilla. En todos los sentidos.

Esa ha sido la tertulia del día de hoy que comparto por aquí, porque estoy segura de que será el tema de muchos y muchas.

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