Sentirse amada

No es quien te acompaña es quien permanece.
Día a día, a tu lado, con tus manías, tus pequeñas locuras, tus terquedad infantil, tus reglas y en definitiva, tus tonterías se convierten en sus enseñanzas.
No es quien te oye, es quien te escucha.
En momentos de lujuria, pero también en esos de soledad, de rarezas, de manías y peleas, de gritos sin sentido y tormentas, en momentos que su templanza ayudará a bajar la voz, a que regrese la calma.
Son espinas lo que clavas y aun así te ama.
Son dardos lo que lanzas y aun así no huye.
Espera y te abraza y permanece y te sella la ira con un beso y ya todo pasa, ya lo demás no tiene importancia. 
Vale la pena esa espera. Se llama confianza. Se le dice amor. Se le denomina sentirse amada.
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