Me dejé seducir

Sus ojos, su boca, sus manos, sus dedos, precipitándose a un infierno seguro.
Y aun así.
No tuvo duda.
Lo hizo.
Fue valiente. 
Me sedujo.
Es justo, sincero, directo, maduro.
Me declaro inocente.
Ingenua.
Insaciable.
Y sin pena.
Sus labios carnosos, su rápida lengua y mirada perversa.
Mi perdición.
No pido clemencia. 
Tal vez el perdón.
Mi alma inocente,
pecó en lo evidente,
cayó sin rendición.
En su mente sin prohibiciones,
en sus dulces declaraciones,
en sus livianas imitaciones.
No tuve duda.
Fui cobarde.
Me dejé seducir.
By Miriam Giménez Porcel. Para:http://elpoderdelasletras.com/ 
 
 
 
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