Loca de tanto quererte

Loca por pensar, por un instante, que me querrías siempre. 
Estimar siquiera que matarías por mis huesos, por tenerme, poseerme y sin dañarme, acompañarme eternamente.
Loca por persuadir. Insistir. Llorarte y enloquecerme. Y que más daba lo que juzgara la gente, lo que me aconsejaban, lo que debía hacer realmente. 
Si la locura transtornaba, me hacía imprudente. 
Si la cordura alimentaba, poco a lo que quedaba coherente. 
Y te lloré. 
Y lastimé a otros, de tanto quererte. 
Y diseccioné las palabras, hasta dejar en vocablos, lo que otros me revelaban, intentando protegerme. 
Para mi eran mentiras.
Me mantenía inerte.
Y no alcanzaba a entender que se puede querer, pero no obligar a quererte.
Pensarás que estoy loca.
Que mi abstracción no es sensata.
Que mi obsesión por tu boca y tantas cosas, no son lógicas.
Que mi visión de la vida es extraña.
Y que más da lo que pienses.
Estaba Loca, sí.
Insensata, imprudente, hasta estupidamente débil,
 de tanto quererte, y no saber si desear vivir o desear la muerte.

De la cordura a la locura, por amor, me destruí muchas veces.

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