Latidos con sentido

A cada uno nos late por algo, tan fuerte que se nos saldría del pecho.
A casi todos nos ha pasado de ahogarnos en nuestros propios latidos por algo trágico.
Todos tenemos algo que lamentar, algo que olvidar y mucho que recordar.
Y probablemente empieza a ser a estas alturas de la vida, cuando empieza a acelerarse cuando tu no quieres, te vienen a la mente aquellas situaciones desagradables que creías olvidadas y ahí permanecen imborrables, y trabaja sólo y tus noches ya no son mágicas noches, ni siquiera buenas noches, son insomnios, nervios o pesadillas que te persiguen hasta dejarte sin aliento, y hacerte desear que llegue el día para poder contarlo, que nada se pare, que vuelva la vida.
Ese es tu corazón de ahora, el que recuerda temores del pasado, el que lamenta no haber madurado antes, el que con violencia se acelera y no sabes actuar, te paralizas o actuas con más violencia y no quieres, y no puedes.
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