Las heridas de tu piel

La besó con la mirada.
Quiso ser su ángel,
su sombra,
su ánima.
Tras el día de lluvia,
sin que hubiera tormenta,
llegó la calma,
que ahogaría su pena
y allí estaría él,
como cada día de otoño
dejando las hojas caer,
para recogerlas,
para limpiar su alma,
despejar desgracias.
La arropó lento, sin prisas, con ganas.
Supo que era ella.
Y ella deseó que fuera él.
Pero las heridas aun dolían.
Cicatrices imposibles.
Unas huellas muy precisas que aun se ven.
Imposibles de borrar.
Dibujó con tinta nueva
dos sonrisas, una de ella, otra de él.
Escuchó todos los días,
descubriendo las torturas
maldiciendo y aun con dudas.
Quiso ser su sombra, su heroe.
Ella huía de ataduras.
Tuvo miedo.
El le dió soltura, fe.
Nunca quiso ser su ántes,
solo dijo lento y suave,
sanaré esas heridas de tu piel.
By Míriam Giménez Porcel.

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