El tren de la cordura

Me subí al tren sin pensar en nada más. 

Ni un destino. 
Ni un mirar atrás. 
Ya da igual lo que crean los demás.
Lo que quieran pensar. 
No es huir. 
Ni escapar. 
Yo le llamaría empezar. 
Querer ser alguien, y no la de los golpes. 
La del primero segunda, que recibe gritos. 
La de los portazos en la puerta. 
La que simplemente da pena.
Ya no puedo caminar sin sentirme observada. 
La que se esconde tras esas oscuras gafas.
La que no puede ir en falda.
La que provoca con la mirada.
La que cuando sonrie, es porque quiere ser follada.
La que llaman puta.
Y no hace nada.
Calla. Llora. Espera cansada.
Que pase la tormenta.
Para meterse en la cama.
Y esperar al día siguiente.
Que él llegue de nuevo a casa.
Comience la tortura. Y nunca se acaba.
No hay ayuda. 
No hay consuelo. 
Ni esperanza. 
Ni siquiera lo espero. 
No quiero ser una más.
Me subí a aquel tren y desee llegar ya. 
Sentirme libre. 
Soltarme el pelo. 
Sonreir. 
No me quiero, ni me siento mujer. 
Y necesito serlo.
Hoy ya busco mi nuevo ser. 
No es huir, o tal vez si.
Deseo escapar.
By Miriam Giménez Porcel.
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