Café literario

Café literario

Hoy te veo desde lejos, y de nuevo me enamoro de tus gestos y tus modos. De esa sonrisa sutil, o el llanto escondido, según la novela a la que estés en ese momento entregada, sumisa, a sus pies. Te dejas embriagar por las notas del autor, por las normas de sus letras, por su pasión y me siento celoso de esa entrega, de esos logros que yo siento que jamás alcanzaré. Son tus pómulos, tus labios, tus manos las que imploro. Te deseo de un modo inmaduro, casi infantil. Tu no sabes que te observo. No entenderías mis motivos, hasta dirías que soy obsceno. Nada más lejos de la realidad. Yo te quiero, a mi lado, leyendo esos versos, narrando esas historias que te conmueven, tejiendo los mismos sueños que el autor tejió en el momento de crear la telaraña de la historia, que te tiene sumergida, y tan alejada de mi persona. Que te tiene enamorada. Cada semana una distinta, y nunca es la mía. Me gustaría escribir tu novela, que la leyeras, que entendieras esta obsesión. Y cierto día que levantas la vista, y te topas con la mía me figuro que te gusto, me imagino que te acercas, que preguntas qué novela entretiene mis momentos, y ni siquiera yo sé que es lo que leo. Tomo libros en mis manos sin conocer el título, permanezco, a lo lejos, cual absorto lector, anotando todos tus movimientos. Un leve movimiento de rodilla, un roce lento de la yema de tus dedos, rozando tus labios, cortados por el frío, le dices al camarero sonriendo, cuando te sirve el café ardiendo. Yo quisiera rozarlos, con crema de cacao y curarlos a besos. Y así cada jueves, en este café literario donde te encontré hace año y medio, leyendo. Y así seguiré invisible a ti. Enamorado de ese cuadro, cual pintor pintó de un modo abstracto, bohemio, soñador e inalcanzable para mi.

By Miriam Giménez Porcel.

Hoy te veo desde lejos, y de nuevo me enamoro de tus gestos y tus modos. De esa sutil sonrisa, o el llanto escondido, según la novela a la que estés en ese momento entregada, sumisa, a sus pies. Te dejas embriagar por las notas del autor, por las normas de sus letras, por su pasión y me siento celoso de esa entrega, de esos logros que yo siento que jamás alcanzaré. Son tus pómulos, tus labios, tus manos las que imploro. Te deseo de un modo inmaduro, casi infantil. Tu no sabes que te observo. No entenderías mis motivos, hasta dirías que soy obsceno. Nada más lejos de la realidad. Yo te quiero, a mi lado, leyendo esos versos, narrando esas historias que te conmueven, tejiendo los mismos sueños que el autor tejió en el momento de crear la telaraña de la historia, que te tiene sumergida, y tan alejada de mi persona. Que te tiene enamorada. Cada semana una distinta, y nunca es la mía. Me gustaría escribir tu novela, que la leyeras, que entendieras esta obsesión. Y cierto día que levantas la vista, y te topas con la mía me figuro que te gusto, me imagino que te acercas, que preguntas que novela entretiene mis momentos, y ni siquiera yo sé que es lo que leo. Tomo libros en mis manos sin conocer el título, permanezco, a lo lejos, cual absorto lector, anotando todos tus movimientos. Un leve movimiento de rodilla, un roce lento de la yema de tus dedos, rozando tus labios, cortados por el frío, le dices al camarero sonriendo, cuando te sirve el café ardiendo. Yo quisiera rozarlos, con crema de cacao y curarlos a besos. Y así cada jueves, en este café literario donde te encontré hace un año, leyendo. Y así seguiré invisible a ti. Enamorado de un cuadro cual pintor pintó de un modo abstracto, bohemio, soñador. By Miriam Giménez Porcel.

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2 comentarios en “Café literario”

  1. Me ha dejado muy impresionado la novela, Nos Robaron, , , hace 15 años viví en directo un caso de de Robo igual en el hospital de Mataró.

    • Estimado Alfredo, muchas gracias por tu comentario. Lamentablemente hay tantos, tantos casos en todo el país de familias que vivieron actos de este tipo, que cuando comencé a escribir la novela y a documentarme, lloraba de pena y rabia. Debemos aprender a convivir con ello, los que lo hayamos vivido más de cerca, como es tu caso, pero cuanto menos ya no debemos callar más. Porque hay muchas madres que lloraron durante años, y casi pidiendo caridad fueron preguntando y todo eran puertas cerradas y bocas calladas. Actos atroces. Imposible de olvidar y permitir que se olvide. Un beso.

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