Arrugas desoladas

Vivía en una casa hermosa, guardando los recuerdos en la alcoba y los amores en la almohada  Entre lágrimas derramadas, maldiciendo no haber sabido amar, no haber sabido cuidar, lo que su corazón le suplicaba que cuidara.
Su jardín lleno de plantas. Sus hamacas descubiertas. Sin toalla.
Su piscina la bañaba, la cubría y ahora ya, hasta la ahogaba.
Deseaba verla llena. Siempre un hogar. Su morada.
Y aun tan grande y tan hermosa. Para ella, una casa abandonada.
Asi la sentía, así la presenciaba. Majestuosa. Siempre vacía. Ojalá liviana.
Cuántas sombras en la puerta de la entrada.
Si cuándo timbraban les hubiera abierto, ahora ese muro, ya no habría quién lo derribara.
Ojerosa te lamentas, me lo cuentas, -«ay que ver lo qué yo era»
En silencio. Todo eso. Junto a una estrofa de fondo me recuerda, aquellas frases tan oídas, «el amor, con dinero no se paga».
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